La Leyenda de Don Pascual

Hace muchos años, en el pintoresco municipio de San Vicente de Chucurí, se tejía una historia tan enigmática como las verdes colinas que rodean el río Chucurí. En la vereda Cantarranas, vivía un hombre llamado don Pascual Afanador, cuya vida estaba marcada por la ambición y la oscura sombra de un pacto con lo sobrenatural.

Cuentan los ancianos que don Pascual, buscando la riqueza inigualable, realizó un ritual misterioso. En un cañuto de caña de castilla, depositó un corazón de guañuz y lo dejó reposar durante nueve días, al tiempo que le ofrecía su saliva en ayunas cada mañana. Finalmente, en la novena jornada, se aventuró a un monte cercano al río Chucurí, en las proximidades de Las Arañas, esperando la llegada de un abejón que le revelaría los secretos de la inmensa fortuna.

Don Pascual, ansioso pero decidido, le confesó al abejón su deseo de ser próspero y rico. A cambio, debía salir cada noche a un lugar apartado y rogar por sus necesidades. Así comenzó la vida de don Pascual como un hombre acaudalado en San Vicente, pero su prosperidad se teñiría de oscuridad.

Con el tiempo, la avaricia se apoderó de don Pascual, adueñándose de más tierras mediante préstamos usurarios. Acumuló escrituras y letras de cambio como si fueran tesoros, pero su vida cotidiana era miserable. Vestía pobremente, dormía en condiciones precarias y se volvió esquivo y despectivo con la gente del pueblo.

La historia toma un giro siniestro cuando, al darse cuenta de la proximidad de su propia muerte, don Pascual buscó la redención. Se reconcilió con Dios, se confesó y asistió a misa, tratando de liberarse de sus pecados.

Sin embargo, el diablo no olvida fácilmente. Un día, mientras paseaba por una finca adquirida recientemente en un remate, don Pascual se encontró con un caballero elegante que, al ser descubierto, reveló su verdadera identidad: el diablo. Enfurecido, el diablo lanzó a don Pascual por los aires con una fuerza diabólica, dejándolo lisiado de por vida.

El resto de la vida de don Pascual transcurrió en la desgracia. Dependía de un lazo colgado del techo para moverse, y cuando necesitaba salir, los jóvenes del pueblo lo llevaban en una zorra, mientras la gente murmuraba sobre el pacto infernal que lo condenó.

Finalmente, la muerte llegó para don Pascual. En su velorio, los presentes afirmaban que el ataúd estaba lleno de piedras en lugar de un cuerpo. Los gatos negros, presuntos mensajeros del diablo, rondaban el lugar, y una extraña tormenta acompañó el triste evento. Al enterrarlo, los asistentes se negaban a cargar el féretro, ya que sentían que el peso era insoportable. La leyenda concluyó con el rumor de que don Pascual no encontró paz ni siquiera en la muerte, perpetuando su condena en el más allá.

Así, la leyenda de Don Pascual en San Vicente de Chucurí se convirtió en una historia transmitida de generación en generación, recordando a todos que la avaricia y los pactos oscuros pueden traer consecuencias inimaginables.

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