La siembra del agua

El verano apretaba que ya las sementeras se habían secado hasta las raíces y el calor arreciaba tanto que los animales asesaban debajo de los pocos árboles que aun podían dar sombra; rumiando lo poco que podían obtener, las vacas miraban el pasto seco, rebuscando las pocas yerbas,las mulas se pateaban entre si, y las gentes miraban el panorama desolador de una tierra reverberante por la falta de agua; más cuando las pocas fuentes se habían secado y el río estaba algo lejos para traerla. Era un verano como pocos que enseñaba a la gente prevenirse para los que vinieran… en eso pensaba Carmelita, al acordarse de sus ancestros a quienes nunca les faltaba prevenciones y entre esas el agua. ¿Y cómo hacerlo? También lo sabía, pues había aprendido el secreto ritual de sembrar el agua para tener su aljibe permanente y sagrado.

Poniendo manos a la obra; lo primero que tenía por hacer era obtener agua bendita, bendecida en viernes santo, un chucho de buen aspecto, regular tamaño para el aljibe que se esperaba, que limpiado dentro y purificado de malos sabores se llenaría de agua pura y bendita; se le añadía tres pelos de la cabeza de una mujer virgen así como de otros aliños que ella solo conocía y guardaba en secreto.

El chucho se tapaba con una tuza o taco de madera, para luego encontrar el sitio ideal donde ojalá, hubiera plantado árboles de haro y de otras especies que atraen el agua; se siembra el chucho boca abajo pidiéndole con fe a la Virgen de Chiquinquirá y rezado 33 credos para que se haga el milagro de hacer brotar el agua en el aljibe.

No había que olvidar el altarcito en el lugar con la advocación a la Virgen y considerar por demás el lugar sagrado al cual había que vigilar para que no sea profanado. Lo demás era esperar que el taco o tuza se pudriera y al salir el agua del chucho comenzaría a nacer el aljibe, donde nunca faltará el agua así haga veranos como los de ese día. Solo era cuestión de tiempo y cuidado de no ser profanado el lugar, pues se corre el riesgo de perderse o de irse para otro lado. El agua sembrada es caprichosa y necesita ser consentida dándole buena sombra, no permitiendo ser tocada por cualquiera y estar pendiente de que permanezca siempre allí. Carmelita ya lo había hecho en otras partes donde estuvo viviendo y le dio excelentes resultados; ahora en Cantarranas donde vivía, lo haría para no esperar otro verano como el de ese año de 1962.

N.A. Relatan los abuelos que es de vieja costumbre sembrar el agua para tenerla en tiempos de fuertes veranos y que eso venía de tradiciones desde “los tiempos de upa” .Que además es verídico y haciéndolo de buena fe y rezar continuamente a la Virgen de Chiquinquirá, la patrona de tales menesteres. Las mujeres son más propicias para llevar tal ritual.

Escrito por:
David del Moral para www.sanvicentedechucuri.com