Sandra Milena Ayala volvió a nacer hace 9 años gracias a la solidaria decisión de una familia, que cambió el dolor que causa la muerte por la oportunidad de donar vida. El 22 de febrero de 2010 fue sometida a un trasplante de corazón.

Hoy Sandra Milena tiene 33 años. Cuando recibió su nuevo órgano tenía 24.

“Yo estaba bien, nunca sufrí del corazón. De un momento a otro empecé a sentirme fatigada y a tener fiebres altas. Luego de unos días y tras varios exámenes, los médicos descubrieron que una bacteria había afectado por completo la función del corazón”, recuerda Sandra Milena.

A esta mujer, proveniente de San Vicente de Chucurí, no le quedaba mucho tiempo. El trasplante era la única salida.

“Llegué por urgencias a la FCV. Me conectaron a un aparato que hacía las veces de corazón, por un tiempo limitado e inmediatamente solicitaron la donación del órgano”, relata.

De esta forma, Sandra Milena se convirtió en una más de las miles de personas que ingresan a lista de espera para trasplante, en Colombia.

Un informe del Instituto Nacional de Salud indica que, a corte de 31 de diciembre de 2018, 2.768 personas estaban en esta lista.

Según el médico Fernando Quintero, coordinador de Trasplantes de la FCV, la balanza siempre va a estar en contra de los pacientes que esperan. Para que pueda existir una donación debe haber muerte cerebral, un cuadro que es muy poco frecuente.

“El tiempo de espera de los pacientes en lista depende del órgano. Por lo general las personas que más esperan son las que están en lista de riñón, porque son muchos pacientes. Después viene corazón e hígado”, señaló el galeno.

Aquellas personas que requieren un trasplante renal pueden durar en lista de uno a cinco años, mientras que los pacientes que buscan un corazón normalmente esperan tres o cuatro meses.

Sin embargo, la historia de Sandra Milena fue diferente. En 24 horas lograron conseguir el donante.

“Mientras sucedió todo esto yo estaba inconsciente. Cuando desperté me di cuenta que ya tenía el nuevo corazón, ese que me ha acompañado durante estos nueve años”, expresa con agradecimiento Sandra Milena.

Un año duró el proceso de recuperación, ese tiempo lo pasó en la clínica.

“Se me presentaron ciertas complicaciones, dejé de caminar, dejé de hablar. Tuve que empezar de cero, adaptarme de nuevo a la vida. Realmente volví a nacer”, añadió.

Un acto de altruismo

Cuando alguien decide ser donante, toma la decisión más generosa: entregar sus propios órganos para que luego de su fallecimiento otros tengan esperanza.

A pesar de ello, donar órganos y tejidos, sea en vida o no, no deja de ser una decisión complicada y en ocasiones difícil de asimilar por los familiares.

Si una persona quiere ser donante solo debe informar a su familia que cuando fallezca sus órganos y tejidos van a ser donados. Por el contrario, si no quiere serlo debe dejar constancia por escrito, ir a una notaría, autenticar el documento y enviarlo al Instituto Nacional de Salud.

“La invitación que siempre hacemos es a crear la cultura de que en vida la gente tome la decisión de donar sus órganos y tejidos. Por lo general hablamos con las familias, les explicamos los beneficios de la donación y los informamos de la ley. Casi siempre la gente termina aceptando”, explica el coordinador de la FCV.

“Esta oportunidad de continuar en el camino solamente la tenemos si la gente es consciente que cuando una persona fallece tiene la opción de salvar vidas, de brindar segundas oportunidades a muchas personas”, señala Sandra Milena, quien da fe de ello y sabe muy bien lo que significa ser donante y beneficiarse de un trasplante.