via-lisboa

Aunque para el mes de mayo próximo está programada la entrega de los 24 kilómetros que Isagén construyó en la vía entre Lisboa y San Vicente de Chucurí (Santander), en reemplazo del tramo que inundó la represa de Hidrosogamoso, los habitantes del sector no están conformes por los deslizamientos en la zona.

Pocas semanas después de habilitada, la carretera fue intervenida por primera vez en octubre del 2014, cuando un derrumbe provocó un trancón de diez horas.

Con las precipitaciones de los últimos días retornaron los deslizamientos en el sector de Lisboa, situado en la carretera que une a Bucaramanga con Barrancabermeja.

La ruta, según lo pactado en la licencia ambiental del proyecto Hidrosogamoso, debía arrancar trabajos de construcción antes del llenado del embalse, que almacena 4.800 millones de metros cúbicos de agua.

Sin embargo, la construcción de la obra se pospuso hasta principios del 2014, a seis meses de vencer el plazo para entregar el corredor, que tuvo un costo de 250.000 millones de pesos.

Frente a lo sucedido, la Gobernación de Santander, según lo manifestó en su momento la secretaria de Infraestructura, Claudia Toledo, no recibió la obra porque no contaba con las condiciones de seguridad vial que requiere cualquier corredor.

La actual carretera reemplazó la estructura del puente El Tablazo, inundado para la construcción de la central hidroeléctrica del río Sogamoso, y dar paso a la represa, que produce 5.056 gigavatios de energía al año.

Para llevar a cabo esta obra, ubicada entre los sectores de Lisboa y Cananá, el departamento de Obras Civiles y Equipos de Isagén utiliza retroexcavadoras y volquetas que agregan concreto de neumático a los taludes averiados.
Hedmer Berrío, director de la obra, aseguró que “es apenas normal que esta situación se presente porque le ocurre a cualquier carretera y no tiene nada que ver con un mal proceso de construcción”.

Además, según la Sociedad Santandereana de Ingenieros (SSI), en el tramo hay diez puntos críticos que pueden colapsar ante la saturación de agua en épocas de intensas lluvias.

Habitantes, inquietos

Los moradores de la zona, por donde transitan a diario decenas de camiones con productos agrícolas y ganado, pidieron a las autoridades un seguimiento especial para garantizar la normalidad en la importante vía.

Miguel Pardo, presidente de la junta de acción comunal de la vereda El Litoral, manifestó su preocupación porque siente que en cualquier momento a él (o a cualquiera que pase) le puede caer un pedazo de roca encima.

El dirigente campesino, junto con otros pobladores, se ha reunido en repetidas ocasiones con directivos de Isagén para solicitarle a la empresa antioqueña que cumpla con los acuerdos pactados.

Otra de las situaciones que preocupan a 5.000 familias chucureñas es el negocio de los areneros, pues su producción disminuyo cuando sectores como Aguas Blancas y Parroquia, lugares de donde se extraía la arena para la construcción de viviendas y obras urbanas, fueron cubiertas por el agua de la represa.

Las personas que viven de este negocio comentan que pasaron de pagar 280.000 pesos por cada viaje a desembolsar 700.000.

La Recebera, de donde se extraía material rocoso para rellenar los huecos de algunas calles del municipio y vías rurales, fue otra zona que desapareció tras la construcción del nuevo tramo que comunica al municipio cacaotero con la capital santandereana y Barrancabermeja.

Labriegos que siembran en parcelas cercanas a la hidroeléctrica alegan que productos como la mazorca estarían siendo afectados por las filtraciones de agua.

Fuente:  Silvia Viviana Santamaría / Periódico EL TIEMPO