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Las laderas de la montañas de San Vicente de Chucurí, Santander, hoy en día están cubiertas de árboles de cacao, aguacates y cítricos. Pero hasta hace unos años estaban sembradas de minas antipersona.

Fuente: lasillavacia.com /Juan David Gutiérrez Rodríguez

Las laderas de la montañas de San Vicente de Chucurí, Santander, hoy en día están cubiertas de árboles de cacao, aguacates y cítricos. Pero hasta hace unos años estaban sembradas de minas antipersona. Los chucureños han sido uno de los pueblos más azotados por la violencia en Colombia: desde la guerra entre liberales y conservadores de finales de lo años cuarenta, pasando por la guerrillera desde mediados de los años sesenta y por la paramilitar desde los ochentas. Cuando uno le pone el tema a los campesinos de San Vicente de Chucurí, ellos pueden pasar una tarde entera hablando sobre esos días aciagos, sus sufrimientos y las heridas que aún no han terminado de sanar.

El 14 de enero de 2016, el presidente Juan Manuel Santos visitó San Vicente de Chucurí para la ceremonia que formalizó la declaración el municipio como libre de sospecha de minas antipersona. Esta buena noticia le dio un impulso adicional a los chucureños para superar el lastre del conflicto armado y seguir trabajando por un futuro más promisorio para sus hijos y nietos. Sin embargo, una de las heridas abiertas que dejó tantas décadas de violencia, es la dificultad que tienen los chucureños para construir proyectos colectivos.

El liderazgo de los miembros de la comunidad chucureña es clave para romper estas ataduras sociales que les dejó la violencia. Por eso aprovecho este espacio para destacar el trabajo de don Isidoro Caballero, un campesino con discapacidad que lleva años liderando proyectos sociales y económicos en San Vicente de Chucurí. Tuve la oportunidad de conocerlo recientemente, cuando estaba haciendo trabajo de campo para mi investigación doctoral. Isidoro fue reclutado por las FARC cuando apenas tenía trece años de edad a mediados de los setenta. Al poco tiempo de ingresar al grupo, un guerrillero lanzó una granada que le generó una lesión medular y le inmovilizó las piernas. Con la tenacidad que lo caracteriza, luchó en su rehabilitación y al final del proceso logró movilizarse con la ayuda de bastón.

isidoro caballero

Isidoro había nacido en un hogar muy humilde que vivía en las montañas, muy lejos de las zonas urbanas a duras penas sabía leer y escribir. Pero Isidoro quería ser auto-sostenible, tenía la voluntad de seguir adelante. Tuvo la oportunidad de estudiar electrónica en Bucaramanga en un instituto técnico. Antes de terminar su segundo año de electrónica, él ya tenía un taller y desde entonces logró sostenerse de su trabajo.

Isidoro se instaló en San Vicente de Chcucurí, donde estaba su familia, y por años se dedicó a arreglar radios, televisores, y todo tipo de electrodomésticos. Pero Isidoro no socializaba mucho, no se le veía en la plaza del pueblo y se quedaba en su casa trabajando todo el tiempo. La vida le cambió a Isidoro cuando se vinculó a uno de los proyectos del Programa de desarrollo y paz del Magdalena Medio (PDPMM). Este programa se inició en 1995 por iniciativa del Comité de Derechos Humanos de la Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo (USO), y la Empresa Colombiana de Petróleos (ECOPETROL), con el apoyo de la Diócesis de Barrancabermeja y el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP). El programa ha operado en 32 municipios de Antioquia, Bolívar, Cesar y Santander y su visión consiste en promover “procesos de gestión de conocimientos, en transformación positiva de conflictos para contribuir al goce efectivo de derechos humanos en la región del Magdalena Medio.”

El proyecto al que se vinculó Isidoro hacía parte de la Estrategia de Comunicación y Cultura del PDPMM. Entre otras, esta estrategia se enfocó en crear y fortalecer emisoras de radio comunitaria en municipios del Magdalena Medio, incluyendo San Vicente de Chucurí. Por el conocimiento de Isidoro en temas electrónicos, él participó en la parte técnica del proyecto del PDPMM. Posteriormente, el PDPMM lo capacitó en liderazgo y esto le dio a Isidoro nuevas herramientas para liderar y ánimo para salir de su auto-encierro en el taller.

Isidoro comenzó organizando a la comunidad con discapacidad en su municipio. Inicialmente, buscó capacitarlos en oficios, como el de electrónica, que les permitan auto-sostenerse. Este último punto es una clave muy importante para entender a Isidoro. Por su discapacidad, él siempre ha luchado para no depender de los demás. Por eso quiso ayudar a otras personas en su misma situación para que no tuvieran que depender de otros, que pudieran valerse por sí mismos.

Con el tiempo Isidoro ha logrado convertirse en un líder departamental y nacional con discapacidad. Además, Isidoro es socio fundador y promotor de la Administración Pública Cooperativa Manantiales de Chucurí, una cooperativa que asumió a partir del año 2009 la prestación de servicios de acueducto, aseo y alcantarillado de su municipio. La cooperativa fue conformada por 31 organizaciones sociales y comunitarias del municipio, y con el apoyo de USAID reemplazó a la Unidad de Servicios Públicos del municipio que operaba dichos servicios con ingentes pérdidas. Manantiales de Chucurí puso “en orden la casa”, cobrando a cientos de usuarios que antes no pagaban sus servicios -porque los recibían en contraprestación de favores políticos-, y reestructurando la planta de personal que también había sido usada para los mismos propósitos.

Más recientemente, Isidoro ha promovido proyectos para generar un mayor valor agregado al cacao producido en su región. A pesar de que San Vicente de Chucurí es el mayor productor de cacao a nivel nacional, gran parte del cacao es beneficiado artesanalmente y vendido a intermediarios sin que los campesinos participen en ulteriores etapas de la cadena agro-alimentaria. Aparte de la producción de chocolate de mesa, en el municipio no existe actualmente ninguna otra forma de participación en esta cadena de valor. Por eso Isidoro ha buscado asociarse con otros campesinos para generar sub-productos del cacao. Durante años tocó las puertas de la secretaría de agricultura del departamento de Santander para presentar su proyecto, pero desafortunadamente no obtuvo ningún resultado.

Sin el capital para invertir en una costosa procesadora que le permitiese, por ejemplo, hacer chocolatinas, Isidoro optó por producir artesanalmente algunos sub-productos como caramelos de cacao y crema de cacao, entre muchos otros. Todo lo anterior gracias a capacitaciones del SENA que le han permitido a él mismo preparar alimentos a base de chocolate y café. Desde entonces le vende sus productos a sus paisanos y a los turistas que visitan el municipio.

Finalmente, Isidoro también sacó tiempo para la política. Aunque su primera candidatura no culminó con su elección, su candidatura logró un resultado electoral muy destacable. Él se presentó en las últimas elecciones para la asamblea departamental de Santander. Su candidatura la hizo en bus, con todo y silla de ruedas, y visitó más de cuarenta municipios del departamento. Sus compañeros con discapacidad le ayudaron a convocar gente y logró hacer reuniones con más de doscientas personas en cada municipio. Sin embargo, los más de tres mil votos no le alcanzaron para ser diputado.

La campaña política le dejó a Isidoro muchos amigos y buenos recuerdos, pero durante ese tiempo descuidó su proyecto de procesamiento cacaotero. Ahora que la marea política bajó, retomó la tienda de sub-productos de cacao que abrió con una socia y aspira a abrir nuevas tiendas en Bucaramanga y Bogotá.

Son esfuerzos como los de Isidoro los que pueden acelerar la reconstrucción del tejido social de San Vicente de Chucurí. Los campesinos que habitan estas tierras fértiles en donde brotan frutos valiosos merecen una nueva oportunidad para disfrutar de un mejor porvenir. Pero para ello deben aprender de la paciencia y perseverancia que ha tenido Isidoro durante décadas. Realmente, el testimonio no sólo es pertinente para sus paisanos, sino para la Colombia que sueña con el posconflicto y que se beneficiaría de entender el proverbio Persa según el cual “la paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”.