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El escritor colombiano Daniel Ferreira (San Vicente de Chucurí, 1982) fue el primer extranjero en ganar el Premio Clarín de Novela, en 2014, que entrega el diario argentino homónimo. Lo hizo con Rebelión de los oficios inútiles, la tercera entrega de un proyecto de pentalogía literaria sobre la violencia en Colombia. Seleccionado como uno de los mejores escritores jóvenes latinoamericanos en la lista Bogotá 39, Ferreira participará esta semana en el Hay Festival de Cartagena, que comenzó ayer y cerrará el domingo.

¿Quién sería su lector perfecto?

Uno que nazca en Titiribí, Antioquia, en el año 2032, que llegue al final de la obra, que complete lo que no está, que evite el reduccionismo y que intente plagiar lo leído.

¿Qué libro regalaría a un niño para introducirlo en la literatura?

Si vive en un pueblo tan aburrido como Zapatoca: La montaña mágica, de Mann. A los demás: La historia interminable, de Ende.

¿Cuáles libros están normalmente es su mesa de dormir?

Solo el I Ching para sopesar las decisiones correctas de las equivocadas.

¿Qué libro le cambió la vida?

Me la hizo más difícil por subir el nivel de la literatura: Luz de agosto, de Faulkner.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

La última parte de En la carretera, de Kerouac, a partir del cruce de la frontera de México hasta la nota en que consta que el resto del rollo se lo comió el perro de su amiga.

¿Cuál es su rutina diaria para escribir?

Escribo un diario sobre mis lecturas, sobre la marcha del mundo y sobre lo que estoy escribiendo cuando escribo en mis largas horas de aburrimiento.

¿Qué música le sirve para escribir?

No he superado el rock de garaje de mi adolescencia. La música merece un mejor estatus que servir para escribir. Acaso su mayor utilidad sea para conducir por las carreteras.

¿Qué cantante, personaje literario o cinematográfico se asemeja a usted?

¿No es evidente el parecido cuando uso el sombrero? Bunbury.

¿Qué significa ser escritor?

Recordar más que los demás.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

Casi cualquiera donde vendan libros, no solo librerías.

¿Qué libro le hubiese gustado haber escrito?

Me debato entre Trotamundear, de Blaise Cendrars, o Lo bello y lo triste, de Kawabata.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

La semana pasada viendo por segunda vez en el cine Coco.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?

Mi padre, que prefirió huir: “Borra tu historia personal”. Mi madre, que es la mejor contando historias: “El arte está en los detalles”.

¿Qué lo deja sin dormir?

Netflix.

¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor?

Una vez quedé atrapado en un ascensor de Bogotá (calle 23 con 7) con la política colombiana Marta Lucía Ramírez y me sentí en un capítulo horrible de la Dimensión desconocida. Desde entonces deseché esa opción de mis fantasías.

¿En su nevera siempre hay...?

Medio limón arrugado.

¿Cuál es el mejor regalo que ha recibido?

La mochila arahuaca que representa el burro y la coca, los dos elementos esenciales de los indígenas de la Sierra Nevada.

¿A qué edad se dio cuenta de que quería ser escritor?

Al cumplir 35, con tres novelas publicadas y una en borrador supe que no había más opciones. Lo que siempre quise era ser fotógrafo.

¿Cómo fue su primera borrachera?

Con chicha de maíz, la bebida de la que surge la humanidad. Casi me mata a tan tierna edad.

Si pudiera tener un súperpoder, ¿cuál sería?

Ya tengo uno: puedo olfatear quién me va a contar una gran historia en los próximos cinco segundos de charla.

En una fiesta de disfraces, ¿de qué se disfrazaría?

He sido pollo, ratón, huevo frito, vikingo, mago, travesti. Ahora me disfrazaría de Foster Wallace, es decir, de Axl Rose.

¿Messi o Cristiano Ronaldo?

Sharapova, por supuesto.

¿Qué le diría al presidente Santos?

Que lea la Educación del cacique Lautaro, de Neruda, en el Canto general.