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La zozobra reina entre los habitantes ubicados en las zonas aguas abajo del embalse de la Central Hidroeléctrica Sogamoso. La apertura de las compuertas de la presa, que ha alcanzado sus niveles máximos de almacenamiento por las constantes lluvias que han aumentado la corriente de los ríos Suárez y Chicamocha, que le aportan grandes caudales al río Sogamoso, les ha quitado la tranquilidad.

Pobladores, como Cecilia Mantilla, temen lo peor. Por eso, pasa las noches en vela atenta a que el vertimiento de agua del embalse, propiedad de Isagén, no provoque una creciente de incalculables proporciones que los sorprenda mientras duermen.

“Este ya no es nuestro río, el que nos avisaba cuando venía crecido. Hidrosogamoso nos ha robado hasta el sueño”, dijo la mujer de 54 años, quien desde hace 34 vive, junto con otras 150 familias, en el sector La Playa, vereda La Putana, del municipio de Betulia, en Santander.

Según el Movimiento Social en Defensa de los ríos Sogamoso y Chucurí (Ríos Vivos de Colombia), en menos de seis meses se volvieron a abrir las compuertas del embalse, pese a que durante la construcción se le aseguró a la población aledaña que la apertura sería en casos muy extremos, por lo cual este procedimiento no sería frecuente.

Sin embargo, de acuerdo con Claudia Patricia Ortiz, miembro del movimiento, desde el 26 de abril a la fecha se han estado cerrando y abriendo las puertas de los vertederos, situación que ha generado una gran incertidumbre en las comunidades.

La primera apertura de las compuertas, que se produjo en diciembre del 2016, provocó inundaciones en viviendas y daños en cultivos vecinos al embalse. Los propietarios de estos reportaron pérdidas superiores a los 2.600 millones de pesos.

El Movimiento Social en Defensa de los ríos Sogamoso y Chucurí indicó que aparte de las pérdidas ambientales, económicas y sociales, que fueron denunciadas en la etapa de construcción del embalse, ahora están los daños en materia psicosocial que han sido generados en los habitantes de la zona por la operación de la central: tienen que convivir con un muro sobre ellos que retiene una enorme cantidad de agua.

Juan Esteban Flórez, director de Hidrosogamoso, señaló que, operativamente, se han tomado las decisiones que corresponden con el comportamiento natural del río, lo que ha permitido evacuar de forma controlada las crecientes que han llegado y han generado que el embalse se acerque a su cota máxima de almacenamiento, que está definida en los 320 metros sobre el nivel del mar.

En la actualidad, dos de las cuatro compuertas se encuentran abiertas a una altura de dos metros. Cada salida mide 20.

“En la medida que vayan disminuyendo las precipitaciones, podemos también ir disminuyendo la apertura de las compuertas”, precisó Flórez, quien añadió que en los vertimientos controlados se están descargando caudales inferiores a los que están ingresando.

De acuerdo con el funcionario, estos días se tienen crecientes mayores a los 3.500 metros cúbicos por segundo, y se han estado evacuando entre 1.500 y 2.000 metros cúbicos.

Río Magdalena en alerta
Las autoridades de Gestión del Riesgo de Santander mantienen un monitoreo permanente sobre el río Magdalena, que, debido a la actual temporada de lluvias y el vertimiento de agua de Hidrosogamoso, presenta el nivel más alto de los últimos siete años.

En Barrancabermeja fue declarada la alerta roja por el incremento en el nivel del cauce. La cota del afluente el pasado miércoles alcanzó los 4,34 metros.

Fuente: El tiempo