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Hace cinco años el joven chucureño Javier Enrique Díaz Rodríguez, ingeniero industrial de la Universidad Industrial de Santander (UIS), se aventuró a ser emprendedor y materializar su sueño de tener un hotel y hoy, tras tropiezos, sacrificios y deudas, lo hizo realidad.

Díaz Rodríguez, a sus 30 años, es el creador y propietario del ‘Bucaramanga Loft Hotel’ (BLH), ubicado en la carrera 27 con calle 10 cerca al Caballo de Bolívar y la UIS. Hace tres semanas abrió sus puertas y por su concepto y ubicación ha logrado lo que no muchos negocios han podido en sus inicios, tener ocupación y clientes desde el primer día.

Muy pequeño Javier Enrique salió de la vereda Cantarranas en San Vicente de Chucurí huyendo de la violencia. Se instaló en Bucaramanga y empezó a hacer vida en la gran ciudad. Hizo sus estudios de primaria, secundaria y de cara a la universidad no tenía claro qué hacer y de repente apareció la UIS.

Estudió Ingeniería Industrial con sacrificio y poco a poco se abrió espacios en su alma máter para ofrecer servicios en organización de eventos.

“Desde hace ocho años organizo eventos y trabajo con la UIS. Cuando había congresos en la universidad los asistentes siempre preguntaban por un hotel cerca, pero como no había se tenían que ir lejos. Entonces vi la oportunidad de negocio y como la UIS siempre tiene eventos empecé con la idea”, describió Díaz Rodríguez.

Mientras confeccionaba su proyecto empezó a ahorrar cada centavo. Con algo de capital se dio a la tarea de buscar una casa cerca a la universidad para montar el hotel y dos años y medio después la encontró. El inmueble estaba abandonado, destruido, pero eso le permitió adquirirlo a buen precio.

“Con unos ahorros y un crédito con bancos adquirí la casa. Empecé a arreglarla e inicialmente la idea era montar cupos universitarios, pero me presenté al Fondo Emprender del Sena a través de la Unidad de Emprendimiento de la UIS y con ese empujón económico decidimos hacer el hotel”, agregó Díaz.

Y es que tras presentar su plan de negocios al Fondo Emprender de inmediato le aprobaron 134 millones de pesos para continuar con su empresa. Dos de los requisitos que exige el Fondo es que la idea debe tener un componente social y otro innovador, y ambos los cumplió el BLH.

La casa que compró Javier Enrique era de dos pisos pero, tras un préstamo, le construyó un tercero para ampliar la capacidad. Los dineros del Fondo los invirtió en la dotación de las instalaciones con aires acondicionados, televisores, camas, colchones, closets y demás.

“En cuanto a responsabilidad social, nuestros cinco colaboradores son víctimas, madres cabeza de familia y desplazados. En el componente innovador, el hotel cuenta con unos paneles solares que generan el 30 por ciento de la energía que se consume en las áreas comunes, y tenemos un sistema de captación de aguas lluvias que rehusamos en el riego de plantas y sanitarios para ahorrar agua”, explicó el emprendedor.

Tras todos los sacrificios y deudas por pagar, hace tres semanas el BLH abrió sus puertas y con ellas la satisfacción de Javier Enrique al ver un sueño alcanzado. Ahora viene posicionar su empresa, hacerle mercadeo, y generar ecoturismo para propios y extranjeros en los atractivos que tiene la ciudad.

Emprender es difícil pero no imposible y vale la pena. Hay que ser fuertes ante el rechazo y al sufrimiento, porque luego vendrán las recompensas y el crecimiento”, apuntó Díaz.

Fuente:  EL TIEMPO / Luis Alfonso Cárdenas. Fotografía: Jaime Moreno