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carbón

Una de las mejores seis variedades de cacao fino de Colombia se produce en suelo chucureño. A su vez, una de las minas más grandes de carbón del país reposa en su subsuelo. ¿Qué le depara a la capital cacaotera de Colombia?

El mantenimiento de una hectárea de cacao cuesta 2 millones 827 mil pesos, según Fedecacao.

Luego de trabajar por 30 años como soldador de oleoductos, Hermes Ávila se fue a vivir al campo para labrar la tierra cacaotera que heredó de su suegro, en 1994. Su labor como productor siempre ha sido la misma: sembrar la mata de cacao, abonarla, limpiarla, podarla, tumbar las mazorcas (fruto) maduras, ‘desengrullar’ los granos, ponerlos a secar, a fermentar y vender la producción al mejor postor en el pueblo.

Sin embargo, la baja del precio internacional del grano durante 2011, 2012 y 2013 fue tal, que Ávila y las 40 mil familias cacaoteras en Colombia, pasaron de vender un kilo por 6.100 pesos, a prácticamente ‘regalarlo’ por 2.800.

“Mucha gente abandonó las fincas. Yo en cambio sembraba y sembraba más. Entre más bajaba el precio, más sembraba. Los que abandonaron fue porque no podían seguir pagando jornaleros y estaban perdiendo plata. También perdí pero es que creo en esto, soy un enamorado del cacao y sé que va a ser el futuro del campesino colombiano”, comenta Ávila.

Esa situación sacudió a San Vicente de Chucurí, con una población de 33.251 habitantes, de los cuales el 61% es población rural y de ésta, estima el alcalde Luis Ernesto Esteban Macías, el 70% es cacaotera.

Aquellos que no dejaron sus campos hicieron resistencia. Se tomaron las carreteras del país con consignas como “las cuentas claras y el chocolate espeso”, mostrando un sector cacaotero más unido que nunca. Precisamente ese fue el principal resultado de lo que vivieron los productores de San Vicente en 2013, durante el paro agrario: se gestaron las uniones veredales que, en la actualidad, conforman cerca de 15 asociaciones de cacaoteros registradas en dicho municipio, entre las que se encuentra Productores de Cacao Origen de la Vereda Llana Fría Sector Alto Grande, Procoralgran, la cual hizo que Hermes Ávila sea hoy, además de productor, representante de 78 cacaoteros chucureños.

hermes avila

Hermes Ávila, junto a los productores de Procoralgran, mostrando su premio por la participación en “El Cacao de Oro”.

 

Omar Acevedo Ramírez líder campesino que fue candidato a la cámara de representantes por Santander en las pasadas elecciones, es coordinador de la Mesa Nacional Cacaotera, órgano que se creó en el país por la crisis del sector en 2011. Según él, las asociaciones veredales son la única opción que tienen los campesinos para hacer parte de proyectos de subsidio y consolidación del campo, tanto con la Gobernación de Santander como con el Gobierno Nacional. “Unidos sí podemos pensar en comercialización, transformación o exportación”, afirma Acevedo Ramírez.
En Alto Grande, los campesinos trabajan a temperaturas entre los 24 y 28 grados centígrados, siendo esta condición la del 60% del territorio chucureño. Sin embargo, en veredas como el Pertrecho, Santa Rosa y la Esmeralda, la temperatura oscila entre los 18 y 24 grados y, en la zona suroriental del municipio, desciende hasta los 12 grados. Esta variedad climática, sumado a que las 37 veredas que conforman a San Vicente de Chucurí cuentan con recursos hídricos valiosos (como las cuencas de los ríos Chucurí, Sogamoso y Opón), son factores clave para que los chucureños no solo cultiven cacao sino también cítricos, yuca, aguacate y café, sin contar la actividad ganadera y piscícola.

Así es como este municipio, ubicado a 98 kilómetros de Bucaramanga, es conocido como “La Ciudad de los Frutos Valiosos”, “La Despensa Agrícola de Santander” y principalmente como “La Capital Cacaotera de Colombia”.

La riqueza del carbón

El cacao para Ávila, su familia y sus compañeros productores en San Vicente de Chucurí, es considerado como un estilo de vida. Sin embargo, esta tierra, a la vista de empresas mineras, es más que cacao.

Yarima, corregimiento de San Vicente de Chucurí colindante con Barrancabermeja, ha sido desde comienzos del siglo XX lugar de explotación petrolera y de gas natural. Allí, existen campos altamente productivos, como El Colorado, donde hay más de 70 pozos de propiedad de Ecopetrol. A pesar de esto, tan solo desde octubre de 2013 la zona cuenta con un sistema de acueducto, e irónicamente, el gas que los más de 3.000 habitantes del corregimiento han visto extraer de sus tierras durante décadas, no llega a sus hogares a través de un sistema de alcantarillado sino con cilindros.

Las prácticas para la exploración minera como la sísmica (detonaciones subterráneas) no es nueva para los chucureños, ya que generó en la década de los 90 derrumbes en veredas como Palmira, Nuevo Mundo y Llana Fría, que ocasionaron que los cultivos de la zona quedaran enterrados bajo lodo y profundizaron los cauces de agua, secando aljibes que para los campesinos son tan preciados.

No obstante, lo que más preocupa a los chucureños en lo que respecta a la actividad minera es la explotación carbonífera, quizá, porque ya están viendo cómo el municipio vecino comienza a sufrir daños.

El Carmen de Chucurí, que hasta 1985 fue un corregimiento de San Vicente, es zona de una de las explotaciones de carbón más grandes en Colombia en la actualidad: la mina de San Luis. Según informes de la empresa minera Galway Resources –que también realizó exploración en los municipios auríferos de Vetas y California, Santander–, en dicha mina se estima una reserva de 300 millones de toneladas de carbón.

Fue concesionada en 1991 por la empresa Centro Minero de Santander S.A. y su área, que comprende 15 mil hectáreas de territorio tanto de El Carmen, como de Landázuri y San Vicente de Chucurí, viene siendo explotada desde 2005. Afortunadamente la explotación solo se ha dado en El Carmen, dado que es allí donde está la mayor concentración de carbón. Según un informe del Sistema de Información Minero Colombiano, Simco, en 2013 se extrajeron 19.941 toneladas de carbón en el municipio de El Carmen.

Para organizaciones como la Corporación Compromiso –la cual desarrolló una investigación acerca de la minería de carbón en zona chucureña–, las compensaciones que trae consigo dicha explotación (en 2013 El Carmen recibió 72 millones 500 mil de pesos por concepto de regalías), no son suficientes para superar las consecuencias negativas: pérdida de cultivos, enfermedades respiratorias, contaminación de agua por la sedimentación, erosión del suelo, además de las afectaciones sociales como lo son el desplazamiento de familias, la disminución de ingresos debido al cambio de actividad económica y riesgos de salud pública.

Líderes campesinos cacaoteros como Isnardo Vesga, miembro de la Mesa Sectorial del Sena, aseguran que “las empresas multinacionales les lavaron la cabeza a los de El Carmen. Muchos vendieron sus fincas para comprar volquetas y transportar carbón, o simplemente dejaron el campo, creyendo que iban a mejorar su estilo de vida pero es que eso es como el refrán: ‘zapatero a sus zapatos’. ¡Nosotros somos tierra agrícola, no minera!”.

Por este motivo, se han gestado organizaciones como el Comité para la Defensa del Territorio de San Vicente de Chucurí, la cual desde 2011 viene trabajando en contra de la explotación minera, principalmente. Sin embargo, la expectativa económica que se teje alrededor de la actividad carbonífera en San Vicente de Chucurí es tal, que Consuelo Acevedo, miembro del Comité, asegura que “han identificado a propietarios de tierra en el municipio que sacan concesiones mineras a nombre suyo y luego las venden a una empresa minera”.

Esta práctica no es extraña en Colombia, ya que la legislación minera, a través de la ley 685 de 2001, permite que cualquier persona natural solicite una concesión de subsuelo en el territorio colombiano que esa desee, sin tener que contar, ni con el consentimiento del propietario de la tierra, ni con el de la administración municipal o departamental.

De esta forma, para 2010 el Servicio Geológico Colombiano, SGC, (antiguo Ingeominas) reportó 36 solicitudes de contrato de concesión en trámite y 20 concesiones para exploración carbonífera ya concedidas en San Vicente de Chucurí y que por ley, tienen vigencia por 30 años y, si se solicita prórroga, hasta por 60.

La suma de estos títulos mineros, entre los que aparecen como propietarios empresas como Carbones de Santander S.A. (2005), Energentia Ltda. (2006), Dimaco Resources Ltda. (2007), Minera Espíritu Santo S.A. (2006) y otros titulares, según campesinos de la región, corresponden a 33 mil hectáreas del municipio. A esto, añaden 20 mil hectáreas que están siendo estudiadas para brindar concesiones. Esta cifra no pudo ser contrastada con la Agencia Nacional Minera dado que, luego de que esta redacción hiciera llamadas y correos electrónicos reiterados durante el periodo de 5 de octubre al 10 de noviembre, no hubo respuesta. Sin embargo, de ser correcta, correspondería al 44% del territorio municipal (119.514 hectáreas).

Cultivos que valen ‘oro’

La organización Swisscontact, Fundación Suiza de Cooperación para el Desarrollo Técnico, lanzó el concurso “El Cacao de Oro”, que celebró su segunda versión en septiembre, en Bogotá. La finalidad de la institución es contactar a las asociaciones cacaoteras del país más representativas como Santander (departamento que cultiva el 47% de la producción del país, según la Federación de Cacaoteros, Fedecacao), Huila, Antioquia, Boyacá, y premiar a aquellas que produzcan el fruto más fino en aroma y sabor.

En promedio, San Vicente de Chucurí produce 6.200 toneladas anuales de cacao, según Fedecacao.

En promedio, San Vicente de Chucurí produce 6.200 toneladas anuales de cacao, según Fedecacao.

 

Hermes Ávila convenció a los 78 productores que integran su asociación para participar en el concurso, quienes al aceptar, se comprometieron a un proceso riguroso de cosecha y postcosecha que exigía Swisscontact.

Angélica Varela, coordinadora del “Cacao de Oro” a nivel nacional, explica que más que un premio “la actividad se organiza para sensibilizar a los productores para que mejoren la calidad de su cacao, que le den unas características físicas y sensoriales únicas y así, produzcan cacao fino. De esta forma lo pueden vender en el exterior a un mejor precio”, del que se oferta: 5740 pesos.

Esas condiciones del grano, según Varela, se logran siendo más cuidadosos a la hora de seleccionar las mazorcas.

Sin embargo, como asegura Ávila, el problema es cambiar las costumbres y la forma de trabajar a cultivadores que llevan hasta seis décadas dedicados a esta labor.

A pesar de la rigurosidad que debían seguir para participar en el concurso, Procoralgran, como única organización representante de la capital cacaotera de Colombia, cumplió con los requerimientos y envió la muestra, clasificando a la final del “Cacao de Oro”.

Finalmente, Procoralgran recibió un diploma que certifica a la asociación como productora del sexto cacao más fino del país.

Junto con el título, Ávila recogió una chocolatina fabricada con su muestra de cacao y que, según los catadores de chocolate y jurados del concurso, tiene sabor a frutos secos y nueces.

 

Publicado por Periódico 15 / Ana Karietna León Quiroga / aleon10@unab.edu.co.  Todos los créditos respectivos al autor.