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Si bien la ONU afirmó que la recuperación de este ecosistema tardaría un año, las comunidades cuestionan esto pues aún hay rastros de crudo, de los 550 barriles que desembocaron en el Magdalena Medio y provocaron la muerte de más de dos mil animales.

Esta tragedia no sólo provocó un daño ambiental en la región, sino que también perjudicó a la comunidad cuyo sustento principal era el río. Construyendo Región

El 2 de marzo de 2018 es una fecha que los habitantes del corregimiento de La Lizama, zona rural que limita con los municipios de Barrancabermeja y San Vicente de Chucurí, en Santander, nunca olvidarán. Ese día comenzó el desastre ambiental que terminaría en el derramamiento de 550 barriles de petróleo, gas y lodo, en 49 cuerpos hídricos que llegan al Magdalena Medio, dejando detrás una mancha de crudo de casi 30 kilómetros.

Aunque el derrame empezó el 2 de marzo, Ecopetrol, empresa petrolera encargada del pozo más conocido como Lisama 158, ubicado a 300 metros del corregimiento de La Lizama, dio a conocer la emergencia una semana después.

“Nosotros sabíamos que algo grave estaba pasando. Veíamos mucha maquinaria de Ecopetrol trabajando día y noche, pero no pensamos que la tragedia fuera tan grande”, afirmó Mayra López, quien habita cerca al corregimiento de La Lizama.

El 12 de marzo todos los medios del país empezaron a reportar la tragedia y así fue cómo todos, inclusive a nivel internacional, conocieron la mancha de petróleo de 30 kilómetros que alcanzó el río Sogamoso.

Un año de la tragedia

Si bien una comisión de expertos internacionales de ONU Medio Ambiente, solicitada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a cargo del exministro Luis Gilberto Murillo, afirmó que la recuperación del daño causado por el pozo La Lizama tardaría un año, esta es la hora en la que en algunos sectores la presencia del crudo sigue igual.

“Es totalmente falso lo de la ONU. A la fecha de hoy tenemos presencia de hidrocarburos en los sedimentos y a las orillas de los ríos. Es ilógico pensar que este desastre ambiental se pueda recuperar en un año”, indicó el abogado Leonardo Granados, representante de la corporación San Silvestre Green.

Ante esto, Ecopetrol aseguró que han identificado puntos específicos en donde se cuenta con presencia de trazas de hidrocarburo, donde fue necesario instalar obras civiles de defensa y recolección. Por otro lado, aseguró que desde la emergencia ambiental han realizado diferentes tareas para la recuperación de la zona.

La entidad indicó que “se desarrolló una estrategia en dos líneas: limpieza gruesa y limpieza fina, con la cual se retiró el material vegetal impregnado de hidrocarburo y las iridiscencias que se encontraban en el lecho hídrico”, tarea que es criticada por la comunidad, quien, ante las incertidumbres, decidió contactar a la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca, Aunap, para que realizara una visita técnica a la zona afectada.

Todavía hay rastros de crudo en las aguas

La reunión se realizó el pasado 12 de febrero de 2019 y el director regional (e) de la Aunap de Barrancabermeja, Javier Jesús Ovalle Martínez, en el caserío San Luis de Riosucio, contiguo al puente La Cascajera, jurisdicción del municipio de Sabana de Torres, Santander, y contó con la participación de 30 pescadores.

Los pescadores aseguraron que en el lugar hay presencia de iridiscencia en el espejo de agua del caño Muerto y conglomerados de hidrocarburos en el lecho o fondo del caño. Esto, de acuerdo con ellos, genera olor y sabor a petróleo en el producto pesquero y afectaciones a sus ingresos económicos.

Por otro lado, en caño Muerto notaron que el agua estaba aceitosa. Contrario a lo que decía Ecopetrol. Decidieron pescar tres bocachicos para cocinarlos y consumirlos.

“Personalmente realicé degustación de un bocachico encontrando un sabor entre una mezcla de aceite y ACPM, denotando la presencia de hidrocarburos en el tejido de la especie”, afirmó Ovalle Martínez.

Pérdidas económicas

Esta tragedia no sólo provocó un daño ambiental en la región, sino que también perjudicó a la comunidad cuyo sustento principal era el río.

“El derrame de petróleo nos afectó en la pesca. Esta es la hora, un año después, y nos seguimos viendo afectados porque la ciudadanía no compra nuestros pescados porque siguen contaminados. La gente sabe y no es bruta. Por eso, algunos no venden acá, sino que lo hacen en otras regiones”, expresó Edison Baza Quintero, pescador del corregimiento del Llanito, ubicado a 10 kilómetros río arriba de La Fortuna.

Esta comunidad asegura que se ha visto afectada por esta emergencia y aseguran que las acciones que tomó Ecopetrol fueron mínimas. “Sólo pusieron una barrera para evitar la entrada de crudo en la región. Ellos dijeron que nosotros no éramos directamente afectados, pero esto es falso. Si el derrame ocurrió 10 kilómetros río arriba es obvio que este baje hasta nosotros. ¿Acaso no piensan?”, manifestó el pescador.

La economía de estas poblaciones no volvió a ser la misma, una libra de pescado que antes tenía un valor de cuatro mil pesos hoy ronda a los 700 pesos e, inclusive, se pueden conseguir pescados de siete libras por la suma de $1.000.   

“La temporada de Semana Santa era como diciembre para nosotros, pero desde que ocurrió la tragedia es como si no saliéramos de enero”, agregó otro pescador de la zona.

La fauna vive un panorama desolador

De acuerdo con James Murillo Osorio, representante legal de la organización de Cabildo Verde, la cual se encargó del manejo de la fauna, afirmó que durante el evento de contingencia se atendieron a más de 6.600 animales, de los cuales más de 2.400 murieron.

Los que sobrevivieron se reincorporarán a su fauna silvestre reubicada en la Reserva Natural de Cabildo Verde, en el municipio de Sabana de Torres, Santander.

El experto afirma que actualmente algunos animales han regresado a la fauna que fue afectada con el derramamiento de petróleo. “Más que recuperarse lo que ha habido es un proceso de readaptación del medio, hubo unos procesos de intervención porque el crudo generó afectaciones dentro del ecosistema”, aseguró.

Cabe recordar que el 11 de julio de 2018 finalizaron los trabajos de abandono seguro y definitivo del pozo Lisama 158, que fueron validados por la Agencia Nacional de Hidrocarburos.

¿Cómo va el proceso de reparación?

Carlos Augusto Moreno, presidente de la junta de acción comunal de La Fortuna, afirmó que “es complejo decir cuánto va a tardar la recuperación. La mancha se retiró, lo que quedan son los árboles y suelos impregnados”. Moreno asegura que Ecopetrol debe utilizar una nueva tecnología para quitar los rastros de mancha que quedan en las aguas.

De acuerdo con el ambientalista Jaime Puente Brujes, esto “ocasionó un grave problema en la cadena alimenticia porque los animales quedaron contaminados y este proceso de recuperación equivale a más de dos años, no a uno”.

Aunque el plan de atención y recuperación integral de la zona ha permitido el regreso de las personas a sus hogares, hay quienes afirman que no sólo se trata de reparar económicamente.

“Ellos nos dan el dinero, pero el daño sigue ahí. Mejor que utilicen esa plata en arreglar nuestras aguas”, aseguró un habitante de la zona.

¿En qué está el proceso sancionatorio contra Ecopetrol?

A la fecha, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales no ha emitido un acto administrativo que finalice el proceso sancionatorio o declare responsabilidad de Ecopetrol en los hechos relacionados con el pozo Lisama 158.